CAPITULO III
¡Soledad me invades!.. la noche es un buen pretexto para deshabitarte.
La luz de la luna seguía la sombra de mis tacones, no sabia ni quien ni como pero alguien tenia que saciar mi apetito, tal vez por fin llenaría ese vació tan profundo que me enfermaba. Tan solo quería estar lejos de la soledad, descansar de mis abismos, sentir unos labios frescos rodeando mi cuerpo, arañar la libertad, sentir el infinito.
Me tire en la cama escuchando voces que me torturaban, sentía en mi ombligo las manos de Miguel haciendo círculos .. ¡Le gustaba tanto mi ombligo!... lo recuerdo y me siento tan vacía, me esta lloviendo esta soledad , y masturbarme pensando en él me deprime tanto, frente a mi espejo pretendo ver su rostro con sus ojos mirando mis pechos. Me sentía un Diablo cuando lo sometía a mi carne, pobre perdiéndose en mi infierno-paraíso. Dios por qué soy tan puta?. Recorrer estas calles buscando quien sabe que.. Vivir estos deseos carnales es para lo que ha sido predestinada mi existencia. El único sentido de mi vida es ser necesitada, pero que va a pasar cuando todo este encanto termine.. cuando mis piernas no puedan abrirse más?
Esta es la única forma en la que consigo sentir el amor.
Soy una zorrita esa es la realidad.